¿Ha cambiado Dios del Antiguo al Nuevo Testamento?

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Muchas personas piensan que en el Antiguo Testamento existió un Dios duro y castigador, y que en el Nuevo Testamento se habla de un Dios muy diferente donde todo es amor. Por dicho motivo, hay doctrinas que no leen el Antiguo Testamento y solo se basan en el Nuevo Testamento. Todo ello es errado, porque Dios es el mismo tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la Palabra de Dios es única, toda es vigente y ni Dios ni su Palabra ha cambiado. En los siguientes versículos se habla de la vigencia de “la Palabra”, es decir de toda la Biblia:

“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”  Isaías 40:8

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. 2 Pedro 1:19

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Hebreos 4:12

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Hebreos 13:8

El mismo Señor Jesucristo nos recalcó que el no vino para abolir el Antiguo Testamento ni dejarlo sin vigencia:

“ No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” Mateo 5:17-20

Las personas que no conocen la Palabra de Dios a profundidad no comprenden que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son palabra de Dios; que el uno no puede contradecir al otro, porque Dios no se contradice a Sí mismo, ni cambia de convicciones. El Antiguo y el Nuevo Testamento no se contradicen, sino que se complementan; son dos partes cronológicamente distantes, de una misma unidad. Fíjense en que el Señor no dice que Dios mandó, o que Dios dijo, sino que les dice que “fue dicho”, a secas.

LEY DEL “OJO PO OJO”

Los cinco primeros libros de la fueron escritos por Moisés entre los años 1440 y 1400 AC. En aquel tiempo, no existía en la sociedad ni leyes, códigos civiles ni penales, ni jueces como los había en la época de Jesús (imperio romano) o en nuestra sociedad. Dios, sin embargo, quería que su pueblo fuera ordenado, recto, justo y santo. Por eso en el libro de éxodo, números y levítico hay numerosos preceptos civiles para que la sociedad aplicase y se hiciera justicia.

La ley del “ojo por ojo” era una norma para los jueces, no un mandato para el ciudadano común. En los siguientes pasajes se ve bien claramente que “ojo por ojo” no era un permiso para ejecutar venganzas personales. No fue dicho para que cada persona tuviera justificación para dar rienda suelta a su odio o afán de venganza; sino que se le dio a los jueces como regla normativa de juicio, para saber cómo hacer justicia cuando no hubiera una ley escrita sobre el asunto.

Analicemos algunos pasajes que contienen la frase “ojo por ojo”, y veremos que se refería solamente a los jueces.

 “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Más si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” Éxodo 21:22-25

“Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte. El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal. Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.” (Lv 24:17-20)

 Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti.Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.” (Dt 19:18-21)

En los tres pasajes anteriores se aplica el “ojo por ojo” a pleitos que eran llevados ante los jueces, éstos debían inquirir bien y reparar el daños con algo equivalente. Hoy dia en la sociedad, cuando alguien roba debe reparar el año y pagar una pena de cárcel. Sin embargo, en aquellos tiempos, hace hoy unos 3500 años, donde no existían ni siquiera cárceles, las penas que aplicarían los jueces eran muy diferentes, y todo lo que vemos en la Biblia iba a ser la guía para que aplicaran los jueces.

DIOS MANDA AMAR AL PRÓJIMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

En Éxodo 20:1-17, se encuentran los diez mandamientos dados por Dios o conocido como “El decálogo”. Los diez mandamientos son la base de mandatos de los que se basa el resto. Los cuatro primeros están dirigidos exclusivamente a nuestra relación con Dios:

  1. No tendrás dios ajenos delante de mi, biblia 300
  2. No te harás imagen ni escultura, ni las adorarás,
  3. No usarás el nombre de Dios y
  4. Guarda el día de reposo

Sin embargo, los 6 siguientes mandamientos van dirigidos al amor al prójimo, sea este un familiar (padres), o conyugue, o alguien que aun ni conozcas:

  1. Honra a tu padre y a tu madre,
  2. No matarás,
  3. No adulterarás,
  4. No dirás falso testimonio contra tu prójimo,
  5. No codiciarás cosa alguna de tu prójimo.

No solo en los 10 mandamientos encontramos el deber de amar al prójimo, sino que a lo largo del Antiguo Testamento existen numerosos pasajes, incluso del trato que debemos tener con aquellos que nos hacen daño y por tanto en vez de ser simplemente un prójimo, es un enemigo:

Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.” (Éxodo 23:4-5 )

“No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.” (Levítico 19:17-18)

Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua;” Proverbios 25:21

Hay cristianos que por leer solamente el Nuevo Testamento, (si es que lo leen completo), creen que el perdón y el amor se inventó por primera vez en el Nuevo Testamento. En estos pasajes recién leídos vimos cómo desde siempre, Dios mandaba amar a los que nos aborrecían y a los que eran enemigos nuestros. Esto contradice todas las malas interpretaciones que dicen que el antiguo pacto era de rencor, de dureza y de venganza, en contraposición con el nuevo pacto, que ahora es de amor, de perdón, de suavidad. Hablan como si Dios fuera antes de una manera, y ahora hubiera cambiado de forma de ser, y fuera de otra manera opuesta a la primera. O como si Dios Padre fuera duro, vengativo, rencoroso, y Jesucristo fuera lo contrario, blando, perdonador y amoroso. Sin embargo, todo ello es un gran error, Dios es el mismo, su Palabra es la misma, Dios no cambia ni su Palabra.

Si profundizamos en la lectura del Antiguo Testamento, encontramos mandatos de Dios sobre el amor al extranjero (incluso siendo imparcial con él), el amor a los ancianos, a las viudas, huérfanos, y en general a cualquier persona:

“No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo. More contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde bien le estuviere; no le harás fuerza.” (Dt 23:15-16)

“Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.” (Ex 22:21-22)

“Y no angustiarás al extranjero, pues vosotros sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.”  (Ex 23:9)

“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová. Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.” (Lv 19:32-34)

LA CARIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

En el Antiguo Testamento, el diezmo de cada tres años, se usaba íntegramente para obras de caridad en favor de los huérfanos, en favor de las viudas, en favor de los extranjeros, y en favor de los levitas, que no tenían como sostenerse, sobre todo los que vivían en las ciudades del interior, según se ve en Dt 14:28-29. Así se administraban los diezmos, de acuerdo con la ley que lo estableció. Otro tanto nos dice Dt 26:12-13. Analicemos:

 “22 Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.  23 Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días...28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. 29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.”  (Deuteronomio 14:22-29 abreviado)

Como vemos el sistema religioso del Antiguo Testamento, era altamente caritativo. Daba el 33 % (un tercio) de los beneficios que se recibían de los creyentes, para obras de caridad; es decir, el 33% del presupuesto de la organización religiosa del Antiguo Testamento, se dedicaba a caridad, al amor al prójimo.

No solo vemos que esa caridad estuviera en el sistema religioso, sino que tenía que estar en el día a día de un ciudadano común:

“Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.”  (Levítico 23:22)

“Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo;”  (Lv 25:6)

“que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.” (Dt 10:18-19)

Una vez leídos los anteriores pasajes, que claro como Dios desea que seamos caritativos, misericordiosos, que apartemos de nuestras ganancias una cantidad substancial para los huérfanos, viudas y pobres en general, y que ayudemos a los extranjeros necesitados.

EL AMOR EN EL NUEVO TESTAMENTO

¿Qué ocurrió 1500 años después? ¿Qué ocurre en los días de hoy, después de 3500 años? Pues que el hombre busca torcer el propósito original de esa ley para adaptarla a sus concupiscencias vengativas y sus odios personales. Como siempre ocurre, (en aquel entonces y en los días de Jesús), la fuerza de la tradición se sobrepuso a la fuerza de la ley de Dios.

Una de las cosas que hizo Jesús es echar en cara a los judíos que le escuchaban como se god is loveutilizaba la Ley para venganzas personales. La gente, utilizaba la palabra de Dios para crear una cultura de odio que Dios nunca estableció, ni si quiera en el Antiguo Testamento como hemos visto antes.

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Mateo 5:38-48

En otra ocasión Jesús enseña poniendo ejemplos de como no debemos insultar a nadie, como no debemos hacer pleito y como debemos reconciliarnos cuanto antes con cualquier adversario:

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.” Mateo 5:21-26

Otro pasaje precioso en la Palabra es cuando Jesucristo habla con un escriba sobre los mandamientos, es decir, estaba preguntándole sobre el Antiguo Testamento, sobre qué decía la Ley. Jesús le responde basándose en el Antiguo Testamento y el escriba, quien era un doctor (de aquella época) en las Sagradas Escrituras le confirma la veracidad de sus palabras:

“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.” Marcos 12:28-34

CONCLUSIÓN

Como se ha analizado en este estudio, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son complementarios, Dios es el mismo y no ha cambiado y desea que amemos a nuestro prójimo, que tengamos paz con cualquier adversario, y que seamos bondadosos y caritativos. Haz un examen de conciencia y piensa cuáles son los caracteres que te identifican como persona. Si quieres cambiar tu vida te invitamos a que recibas a Dios en tu corazón, ya que solo Jesucristo puede hacerte una nueva persona. Visita nuestra página CONOCE A CRISTO.